15.10.09

La Sonrisa de Mamá

A partir de un anónimo que comenzó a circular entre los huéspedes del cotolengo, convocando a una reunión prevista para altas horas de la noche con la consigna de no comunicar de este encuentro a Elvi Rot, los menganos empezaron a conjeturar todo tipo de hipótesis respecto al sentido de esta suerte de asamblea clandestina. Algunas de las versiones fueron, como eran de esperar, tan deliradas como sus autores. Sor Raimunda, por ejemplo, pensó que el cónclave tenía por objeto introducir la causa de beatificación en vida de la gran madre del cotolengo y objetó lo inusual del procedimiento.

La cita era pasada la medianoche aunque la hora estaba supeditada a que La Rot, madre simbólica de todos los menganos, se durmiera. Elvira decía ser una mujer de sueño liviano lo cual es compatible con su vocación maternal, así que debían ser muy sigilosos, lo cual implicaba un gran esfuerzo tratándose de los bulliciosos, por no decir quilomberos, huéspedes del cotolengo. Sin embargo aquella noche se escuchaban provenientes del cuarto de la susodicha, sordos ronquidos que a juzgar por su estridencia no resultaba sencillo discernir si procedían de ella o del mismísimo Morfeo.

Las malas lenguas comentan que con la cena su propia hija biológica introdujo en el plato de La Rot un inductor del sueño más potente que el que su madre acostumbraba a tomar. “Eso no se hace”, acusó al aire la Trava haciéndose eco de los rumores. “Ni aún con las mejores intenciones”, acotó; como parece que era el caso, ya que el tema del complot era ponerse de acuerdo con la sorpresa que le darían a la ilustre durmiente por el día de la Madre.

“Yo tengo una propuesta muy atrevida”, confesó Sor Raimunda suscitando ipso facto un silencio abrupto en el lugar: “Fiesta de piyamas”, proclamó la religiosa como quien incita a sus compinches a realizar una picardía.

“¡Si, fiesta de piyamas, fiesta de piyamas!” gritó la Perturbada contagiándose del entusiasmo de Raimunda y potenciándolo a consecuencia de un repentino pico maníaco.

“Hermana, ya está grandecita”, observó reprensivamente la Profesora de la E. “A mamá le encantaría una fiesta sorpresa en la que tenga la oportunidad de recobrar el protagonismo social de otrora.”

¡Si, fiesta sorpresa, fiesta sorpresa! Gritó la Perturbada tanto o más excitada que la primera vez.

“Recobrar el protagonismo…”, repitió la Trava citando irónicamente a la docente. Y súbitamente inspirada por un dicho de La Rot saltó en su defensa retrucando a la profesora: “Si la envidia fuera tiña cuantas tiñosas habría”. Y aprovechando su envalentonamiento la miró de pies a cabeza y remató: “Es que con clase se nace, no se hace”. La Profesora, que desde que asumió en terapia su soltería crónica se ocupó de tener un estilo cuidado, se sintió tocada quizá debido a que sus tailleurs corte Chanel no eran legítimos, como siempre había pretendido.

“La Rot -dijo la Trava- necesita un buen par de tacones como estos”, señalando los suyos. Ocasión que, ni corta ni perezosa, aprovechó la Profesora para devolverle la bofetada: “Comparto su opinión, Guerra”, dijo la docente omitiendo concientemente cualquiera de los nombres de la Trava. “A mamá le vendría bárbaro un par de zapatos. Pero no creo que como esos”, dijo la Profesora señalando con la uña de su índice los de la Trava. “La naturaleza es sabia y a usted le concedió una talla 44 para que sus piecitos aguanten semejante trajín, en canoas como esas mami podría remar”

¡Sí, tacones 44, tacones 44! Vociferó la Perturbada con sus ojos excesivamente abiertos como si estuvieran alucinando con todos los regalos juntos.

La Trava, aguerrida como era, empinó la botella de vino rosé y cuando estaba a punto de irse a las manos, la Maga la detuvo y como para aligerar el clima denso que se había generado, batió cualquiera. “Yo le escribí un poema”, y cual “Abra Cadabra” suscitó de inmediato la atención de todos los menganos que no sabían de las aficiones literarias de la ex bruja.

“¡Sí, poema de la bruja, poema de la bruja!” Saltó por última vez la Perturbada justo antes que la Trava aprovechara la ocasión para descargar su ira vaciándole sobre su cabeza, el culo de vino rosado que le quedaba en la botella. Esta vuelta nadie objetó la intervención agresiva de Carol, seguramente todos estaban hartos de las salidas desvariadas de la Perturbada. Así que, como si hubieran matado una mosca, la Maga prosiguió: “Si quieren se los recito”. Y como el silencio otorga, se puso de pie y apelando a su memoria remota, declamó:

“Esa flor que esta naciendo

Ese sol que brilla más

todo eso se parece

a la sonrisa de mama.

Esa rosa que despierta

ese río que se va

todo eso se parece

a la sonrisa de mama.”

¡Plagio, plagio! Saltó el Erudito Benito citando a Ortega, Palito, el cantautor setentoso y a su cointérprete, la recordada Libertad Lamarque.

La Perturbada, sollozando, no se sabe bien si por la emoción, la actitud de los menganos o por ambas, busco en su armario el single con el tema principal de la película de Enrique Carreras y haciendo caso omiso a la consigna del sigilo, lo colocó en el tocadiscos combinado del cotolengo a todo volumen. La Rot, asustada por Palito despertó sobresaltada.




10.10.09

"La Zorra pierde los pelos pero no las mañas"

La Maga, que hasta el momento había mantenido un perfil bajo, quizá por esto de desbaratar los prejuicios respecto a su viejo y cuestionable arte esotérico, comenzó a recibir consultas en su blog cobrando un repentino protagonismo en el cotolengo que para el ego de los artistas de clausura allí hospedados resultó difícil de asimilar.

Pero la mala disposición de alguno de los menganos hacia ella había comenzado hacía unos días cuando la Maga sacada por el brote de la Perturbada la amenazó con hacerle un trabajito si no se calmaba.

Es que “el zorro pierde los pelos pero no las mañas”, adujo Elvi Rot haciendo clara alusión a la zorra de la Maga.

La Profesora Ciencias de la E. que hasta el momento se había mantenido bastante neutra respecto a la incorporación de la Maga en el cotolengo, saltó en su defensa no tanto por convicción cuanto por la costumbre de ser políticamente correcta: “No es ético estigmatizar a nadie por su pasado –sermoneó- Todos tenemos derecho a rectificar el rumbo de nuestras vidas y los rótulos son condenatorios”

La Trava que se había sentido juzgada desde el primer día por la docente, le dio un pico a su petaca y apropiándose de uno de los dichos repetidos por la Rot dijo como pensando en voz alta: “En casa de herrero cuchillo de palo”.

La Profesora de la E. haciendo un evidente esfuerzo por mantener la compostura simuló pasar por alto el comentario y clavándole la mirada inquisidora a Elvi Rot, su madre biológica, esperó su intervención.

La Rot por su parte que a su edad estaba más allá del bien y del mal esbozó una sonrisa y no dijo ni mu.

La Señorita de la E. Evidentemente incómoda e indignada reclamó a su progenitora en tanto madre simbólica del cotolengo: “¿No pensás decir nada?”A lo cual la Rot muy suelta de cuerpo por los años que había practicado yoga respondió a su hija: “El pez por la boca muere” y volviendo sobre el tema que le interesaba -la reputación malvada de la Maga- señaló: “Hazte de fama y échate a dormir”.

A la docente se le erizó la peluca que es lo peor que le podía pasar y no pudiendo soportar haber quedado en falta tomó el fijador para cabellos en aerosol y en un paso al acto agresivo para si y todos los que estaban ahí lo vació por completo sobre su hirsuta cabellera.

Como era de esperar la comunidad reaccionó como pudo… con alergia. Como un coro desafinado y a destiempo entraron a emitir todo tipo de sonidos guturales: toses, estornudos, carrasperas y algún que otro escupitajo.La docente intoxicada por el spray y completamente histérica perdió los buenos modales y se puso a gritar sin reparos:







1.10.09

02.10.09

Tratando de indagar respecto al sentido de sus vidas, los menganos, en la última sesión de psicoarte acordaron partir de aquellas cosas que heredaron o les fueron dadas sin mediar su elección y convinieron que si hay algo que no eligieron fue sus nombres.

La idea fue propuesta por el Erudito Benito quien fundamentando su opinión en la teoría lacaniana, sostuvo que nuestros nombres son una suerte de metáfora que condensan los deseos y expectativas familiares. En tal sentido el nombre que nos asignan, en el que nos reconocemos y por el cual nos identifican, nos determina en cierto modo.

Su argumentación no recibió objeción alguna, no sabemos si por convincente o porque nadie entendió nada y como en definitiva no había otras mociones, se aceptó por unanimidad.

El problema se suscitó respecto a cómo decidirían por quién comenzar. Nadie se mostraba muy dispuesto a ser el primero en poner su nombre a consideración del grupo. Lo cual es muy comprensible ya que los huéspedes del cotolengo son locos pero no idiotas.

Esta vez la cosa se dirimió a partir de una iniciativa de La Trava, quien tras beber a pico el último trago del porrón, lo tumbó en el piso, lo hizo girar como una ruleta y dijo: “Al que lo apunte”

La botella quedó en dirección a Benito y antes de que El Erudito diera cualquier consigna respecto a cómo seguiría la cosa, la trava semi embriagada preguntó: “¿Verdad o Consecuencia?”

Benito se indignó por el giro burdo que había tomado su propuesta pero decidió privilegiar el objetivo de la técnica a la modalidad lúdica que cobró de repente.

Así que tragando saliva respondió: “Verdad”

¿Verdad que te pusieron Benito porque cuando naciste pensaron que eras bobo?, dijo la Trava recreando una infidencia de Elvi Rot, la madre biológica del susodicho.
“De ninguna manera”, saltó en su defensa la Rot, “Yo dije cara de bueno”

Benito que hasta el momento había logrado controlar su ira se le saltó la virola como a una olla a presión.

A duras penas había logrado reconciliarse con su nombre de pila después de años de terapia para que esta fulana venga a meter el dedo en la llaga. Pero como ante todo era un caballero, decidió cederle la palabra a su hermana que, como buena docente, había recabado información diagnóstica de La Trava.

La profesora de la E, haciendo caso omiso al seudónimo de Carol adoptado por la trava en un fallido intento de volverse distinguida como la princesa de Mónaco, se dirigió a ella en los siguientes términos: “Ud. Discúlpeme ‘señorita’ pero su acotación fue impertinente e irrespetuosa”. Como la trava no paraba de dar carcajadas ignorando por completo la intervención de la docente, la profesora le llamó la atención por su nombre: “A usted le hablo, José Ramón”.

Tras un breve momento de tenso silencio, La trava se abalanzó sobre la botella y de no haber sido por la intervención de La Maga que se apresuró a interponerse entre su encolerizada amiga y la profesora, la cosa habría pasado a mayores. Por suerte todo quedó en un manchón de cerveza en el tailleur de la docente que no paraba de reclamar a los gritos la expulsión de José de la institución.

El ambiente se volvió tormentoso. Un diluvio de lluvia ácida comenzó a anegar el patio donde estaban y como los menganos son una especie rara, se empezaron a brotar.

Sor Raimunda no paraba de santiguarse, golpearse el pecho e implorar al cielo piedad.

La Perturbada, aburrida de la vida y sintiéndose desplazada, bailaba a los saltos al tiempo que cantaba: “¡Me llamo Lilí, Lilí, Liliana! ¡Me llamo Lilí, Lilí, Liliana!”

La Maga Malvada cazó un sapo y corriendo tras la Perturbada la amenazaba: “Calmate tarada o te hago un trabajito.”

El Erudito Benito, esta vez no fue la excepción y se brotó como pocos. Espinas de la nuca le salieron. Parado sobre un banco de cemento y en plena excitación maníaca arengaba a las mujeres al grito de “¡Lucha en el barro! ¡Lucha en el barro!”

Y cuando todo parecía fuera de control, sucedió el milagro.

Un viento primaveral despejó los nubarrones y sobre la luna en cuarto creciente apareció Ella, Su Augusta Creatividad, e iluminando a Pai Nando que permanecía inmóvil, como buen maniquí, le insufló un hálito de vida y el muñeco animado comenzó a cantar. Obviamente alucinando, los menganos se calmaron y se pusieron a escuchar:





11.9.09

11.09.09 Día del Maestro

El Cotolengo está de Fiesta.

Son varios los menganos que ejercieron la docencia hasta jubilarse anticipadamente debido a problemas de salud mental, recluyéndose en el hospicio para artistas de clausura.

La Srta. Lilí, alias la Perturbada, egresó hace muchos años de la escuela de artes visuales y tras un breve lapso en el que ejerció la docencia como maestra de dibujo de una escuela primaria colapsó después de una hora de plástica en la que dio como consigna: “Hoy collage; tema libre”, lo cual los niños interpretaron como hora libre haciendo del aula un auténtico carnaval a juzgar por la cantidad de papel picado y pomos vacíos de témpera que quedaron esparcidos por toda la sala y los disfraces en los que convirtieron sus guardapolvos y el de la propia docente.

El Erudito Benito también tuvo su paso por las aulas magnas de distintas casas de altos estudios de las que un día y sin previo aviso se retiró harto de responder siempre las mismas preguntas para dedicarse a la investigación y a la escritura.

Pero quien se llevó todos los laureles fue sin lugar a dudas la Profesora Ciencias de la E. Educadora de futuros docentes como había sido, jamás tomó contacto directo con la niñez excepto con la suya propia y la de su hermano debido a la poca paciencia que siempre le tuvo a los chicos. No obstante, fue la gran agasajada en el Cotolengo recibiendo regalos de cada uno de los miembros de la institución.

Sor Raimunda, le obsequió una estampita con una serie de angelitos rematados con una cita: “Dejad que los niños vengan a mi”. La Señorita de la E. la recibió cortésmente mientras hacía gancho con la mano desocupada para que jamás sucediera semejante invasión.



La Trava que sabía reconocer la elegancia cuando la veía, le regaló un esmalte de uñas rojo y un finísimo collar de perlas de plástico en composé.


La Maga le hizo entrega de una lechuza de Minerva, lo cual el Erudito consideró una exquisitez aunque por motivos que nada tenían que ver con la superstición de la susodicha. Estudioso de Hegel como era, entendió que así como la lechuza de Minerva se echa a volar en el crepúsculo cuando ya el día está acabado, la tarea de los filósofos y por extensión la de los docentes no es establecer cómo deberían ser las cosas sino volar más bajo y explicar cómo son en realidad.



El Erudito, su hermano, le dedicó unas palabras en el acto de celebración por el día del maestro recordando a quien fuera la primer Seño de dibujo de ambos en la escuela primaria que tituló Acerca de síndromes, delirios y otros rigores y que publicó en su blog para quien se anime a leerlo.

Pai Nando, por su parte, le ofreció la carta de la suerte de su verde oráculo: el trébol de cuatro hojas, augurándole de este modo un futuro próspero. Mas hete aquí que la docente, en lo que podría interpretarse como un acto fallido, al cortar el mazo dejó caer la carta que en verdad le correspondía: la de la lora, a juzgar por su tendencia a interesarse excesivamente por el contexto de sus educandos. Dicha carta advierte entre otras cosas que “repetir alegremente lo que te dicen y darte al cotorreo no te hace buena fama. Y que pensar antes de hablar y reflexionar antes de actuar minimiza el riesgo de que se vaya todo a los genitales de la periquita.”



Elvi Rot, su madre, consecuente con su vocación nutricia y educadora le regaló una manzana. La Prof. Ciencias de la E. al igual que su hermano detestaba las manzanas, seguramente debido a la insistencia de su progenitora durante toda la vida respecto a las innúmeras bondades del fruto. Así que la Srta. de la E. aprovechó la sesión de psicoarte para intervenirla y resemantizarla: la lustró, la apuñaló con una cuchilla y le vació sobre el tajo la pintura para uñas que le había regalado la Trava, cual sangre derramada. Y como si fuera poco publicó en su blog un texto titulado: Diatriba a mi Madre o Repudio a la Manzana, de quién sabe qué loco como ella.


La Perturbada, que al parecer había sido maestra de dibujo antes de su ingreso al cotolengo, le obsequió uno de sus tesoros más preciados, un long play con la banda sonora de aquella emblemática tira que de niña despertó su vocación docente: “Señorita Maestra”. Es que la Srta. Lilí, como la llamaban sus alumnos antes de bautizarla con el mote de La Perturbada que justificó su ingreso al cotolengo, siempre se sintió identificada con el encanto y la dulzura de Jacinta Pichimahuida.


La Profesora de la E. dura como un busto de Sarmiento dejó caer una lágrima. Nadie supo bien si su reacción se debió a la gran emoción o la profunda impotencia.



1.9.09

Averiguación de antecedentes para el diagnóstico docente

Habituada a conocer, según consideraba su obligación docente, el contexto de sus alumnos, de modo de atender a sus necesidades educativas de forma personalizada, La Profesora Ciencias de la E. se ocupó de recabar información acerca de los orígenes de la trava. Fue en esa suerte de instancia diagnóstica que la docente tuvo a bien enterarse que Carol, nombre de batalla de la susodicha, en realidad y a juzgar por su DNI, se llamaba José Ramón Guerra de la Sota. Guerra, por parte de madre y de la Sota, por el padre. Pero puesto que la profesora sospechaba que la Trava fabulaba sobre sus orígenes, averiguó que el doble apellido de la Señorita Guerra, había sido elegido por ella misma siendo adolescente.

Según se rumoreaba en el barrio el padre de José después de hacer su aporte fecundo se borró por completo de la embarazosa escena, dejando por única huella el germen de Carol. Pero como ningún acto deshonesto permanece impune para siempre, Pepito Ramo, como le llamaba de niño la mamá a su pimpollo, se encargó de localizar al fugado progenitor. A la profesora le contaron las vecinas que Pepito siempre había sido muy inquieto y curioso y que durante la pubertad se volvió un chico de armas tomar, lo cual le valió que sus compañeros del Colegio para Varoncitos: El Beato Pedro, lo apodaran “Pepita la pistolera”.

Por lo que se sabe, Pepe, que pareció tener muy clara la importancia del sentido de la identidad desde muy chico, logró que su padre biológico lo reconozca a los 15 años. Según cuentan las malas lenguas el mismo día de su cumpleaños salió a la calle, bien bebido y mal vestida con un disfraz de quinceañera, se presentó a una cita a ciegas que había planeado con su padre biológico, cuyo msn supo oportunamente conseguir. Una vez en el lugar, la placita frente al registro civil, amenazó a punta de navaja al Sr. De la Sota para entrar al registro y darle lo que le correspondía: el apellido paterno; no porque le gustara sino porque en el pueblo, la hazaña, le daría su merecido reconocimiento. De todos modos, Carol, conservó el apellido de soltera de su madre –Guerra- con el cual se sentía más identificada.

Y fue precisamente que harta de la guerra de cada día acudió en busca de ayuda a lo de una maga, con la esperanza de escuchar una palabra de aliento, algún vaticinio que le pronosticara que en un futuro, no demasiado remoto, hallaría un poco de paz.
Pero lejos de su deseo la Maga, ofuscada de la vida, la sentenció con las peores desgracias imaginables para una trava como que quedaría calva. Es que “quien mal anda mal acaba”, decía la Rot, y la Trava andaba de farra en farra y en parranda tras parranda.

27.8.09

Conflicto de intereses…

La historia comenzó ayer por la noche. Como todos los jueves a última hora la Profesora Ciencias de la E. actualizó la cartelera institucional en base a las efemérides.

Se asumía que la educadora lo hacía ese día de modo que esté dispuesto para la sesión grupal de psicoarte de los viernes.

Sin embargo la Profesora de la E. se había impuesto esta disciplina de los jueves, no tanto en realidad para que estuviera actualizada para la actividad grupal que coronaba la semana, cuanto para hacerlo coincidir con el cambio en la cartelera de espectáculos y así no olvidarse. “El aula desgasta”, se justificaba la Señora de la E. Dicho sea de paso, lo de “señora” tenía más que ver con sus cuatro décadas que con su estado civil.

Y era precisamente esa beta más frívola de la supuesta académica lo que desde hacía tiempo despertaba la desconfianza de Sor Raimunda respecto de la integridad de la docente…

Fue justamente entre estas dos mujeres solteras, consagradas ambas a su vocación de servicio, que esta mañana, según la propia educadora, “se armó la gorda”, refiriéndose a Sor Raimunda que, si bien no padecía en absoluto problemas de obesidad –era cierto- le llevaba unos kilitos.

Sor Raimunda, se levantó muy temprano, rezó maitines a las 5 y preparó un desayuno especial para la comunidad del cotolengo. Para ella era un día de fiesta. Celebraba el paso a la gloria eterna de su Santo Patrono, Agustín de Hipona, fallecido un 28 de agosto del año 439.

Siendo muy joven Raimunda leyó las Confesiones de Agustín, un libro de su juventud que la subyugó, al punto de desatar una pasión que, El Erudito Benito sabiamente calificó como amor platónico. Un amor místico que sostuvo viva la llama de la pasión en la religiosa, quizá precisamente por no haber sido jamás consumado.

Por otro lado, su investidura episcopal, su beatificación pedida por aclamación popular, como su título de Padre y Doctor de la Iglesia, le conferían sobrada autoridad para la hermana priora o, tal vez, cierto “brillo fálico”, como diría la Psico P lacaniana que solían consultar, lo cual podría explicar la exacerbación de la devoción de Raimunda.

Cuando el jueves por la noche, la Prof. Ciencias de la E. terminó de armar la cartelera institucional del cotolengo, destacando el 46º aniversario en que el reverendo Martin Luther King congregó en el Lincoln Memorial a una multitud de más de 250.000 personas que se manifestaron por los derechos civiles y su sueño de libertad racial -también un 28 de agosto pero de 1963-, Raimunda, al ver la cartelera cayó en un estado de ira divina –cosa que la Prof. Ciencias de la E. calificó más bien como una crisis histérica- y batiendo su hábito al viento se dirigió como un torbellino a su celda, volviendo raudamente con un tapiz bordado por sus propias manos en base a un fragmento de la pintura de Botticcelli, en el que destacaba la figura de su Agustín, prolijamente acabado en punto cruz, y sin vacilar ni por un instante, lo pegó con cemento de contacto sobre la pagana cartelera, ya que a su entender, rendía tributo a un buen hombre, aunque desviado de la vera doctrina por el cisma de un monje insurrecto también llamado Martin Luter o Lutero, a su edad ya no recordaba bien. “¡Es inconcebible semejante impiedad!”, vociferó la religiosa, mientras estrujaba el pomito de adhesivo sintético.

También es justo reconocer que la Señorita de la E –lo de Señora aún no le cabía demasiado- se mostró en principio un tanto inflexible y no tanto por sentir invadida su función cuanto por la secreta admiración que profesaba hacia los hombres de color o los afroamericanos -como los llamaba ella- que era, ante todo, una profesional políticamente correcta.

Como cada vez que se desataba un conflicto en el Cotolengo, el propio Mengano mediaba solicitando la intervención de Su Agustísima.

Fue entonces que Su Augusta Creatividad, en su inefable sabiduría exclamó desde el más allá, haciendo uso de su característico lenguaje metafórico:

“El blanco y el negro son opuestos pero complementarios. El desafío es combinarlos en la obra de modo que como figura o fondo se destaquen e integren.”

Así, Su Augusta Creatividad, en un fallo salomónico, zanjó las diferencias y ambas mujeres decidieron compartir el espacio para exhibir a sus admirados hombres de dios.


Respetuosas de las máximas creativas, docente y religiosa, reconciliadas entre ellas y con sus propias pasiones, se dieron mutuamente el saludo de la paz y cantaron al unísono:






20.8.09

21 de agosto 1946-2009. 63 años que las mujeres ELEGIMOS

“Con anterioridad a la década del 40, varios países ya habían otorgado el derecho al sufragio de la mujer: Estados Unidos, Inglaterra –en el año de nacimiento de mi madre-, Ecuador, España, Cuba, El Salvador. Pero también nuestros hermanos países de Brasil y Uruguay, ya que como dice Benedetti en su bello poema: El sur también existe.

Pero no es necesario cruzar las fronteras para buscar antecedentes en la gesta del voto femenino. Aquí en la Invencible Provincia de Santa Fe, se estableció nuestro derecho a votar en la Constitución de 1921.

Pero las cosas no ocurren porque sí, como todo lo bueno, costó y mucho – dijo la docente que tenía fama de compradora compulsiva- Por eso es justo hacer memoria y recordar la lucha sostenida de las mujeres de nuestra Patria que lograron que su sueño se hiciera realidad.

De la extensa lista de protagonistas femeninas quiero destacar sólo algunas figuras como la de Elvira Rawson, Emilia Salza, Ema Day, Alfonsina Storni, Adelia Di Carlo, Julieta Lanteri, Alicia Moreau, Carmela Horne, Susana Larguía, Victoria Ocampo, Teresa Basaldúa, Lucila De Gregorio Lavie, Rosa Bazán y, por supuesto, María Eva Duarte.

Pero puesto que si bien soy competente y estoy habilitada para impartir muchas disciplinas, debo reconocer que la parte de la historia que me interesa tiene que ver con aquellas anécdotas que, a mi leal entender, tienen un gran valor educativo. Por eso relataré una protagonizada por la Dra. Julieta Lanteri, una de las primeras médicas recibidas en nuestro país, a cuya formación pudo acceder por un permiso especial del decano de la casa de altos estudios, debido a que la profesión elegida se encontraba por entonces vedada para nosotras.

Cuando en 1911 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos para que actualizaran sus datos en los padrones, en vistas a las elecciones municipales de legisladores, llamó a que lo hicieran los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos. La incansable Lanteri, advirtió que nada se decía sobre el sexo. Entonces se inscribió en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, que le correspondía por su domicilio y el 26 de noviembre de ese año, día de las elecciones, votó en el atrio de esa iglesia.

El Dr. Adolfo Saldías, Presidente de mesa, la saludó y se congratuló “por ser el firmante del documento del primer sufragio de una mujer en el país y en Sudamérica”. La Dra. Lanteri se dirigió a La Nación y La Prensa, por entonces los medios escritos más leídos y contó el hecho. Al día siguiente apareció en los diarios la novedad. Poco tiempo después, el Concejo Deliberante porteño sancionó una Ordenanza donde especificaba claramente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el del servicio militar. Al enterarse de eso, Julieta Lanteri se presentó ante registros militares de Capital Federal, solicitando ser enrolada y acudió directamente al Ministro de Guerra y Marina.

Si bien su intervención no pasó a mayores su acción ciudadana sentó precedente en la conciencia social extremadamente machista de principios del pasado siglo.

Ardua fue la lucha parlamentaria. Durante 25 años se presentaron no menos de 15 proyectos; el primero en 1919. Pero todos encontraron escollos insalvables en la fracción conservadora de los legisladores, representantes por entonces de los hombres de nuestra Nación.

Si bien ya en el mensaje de inauguración del Período Ordinario de las Sesiones del Congreso de 1946, el general Perón, se había pronunciado a favor del sufragio femenino, fue la activa participación de Evita la que impulsó al Senador Soler de Mendoza a presentar un proyecto de ley que contemplara nuestros derechos políticos. Luego de apasionadas intervenciones, se aprobó un día como hoy pero de 1946 en la Cámara de Senadores.

Implementado un complejo proceso de empadronamiento femenino, las mujeres votaron por primera vez, el 11 de noviembre de 1951. De este modo la valiente acción de la Dra. Lanteri operó como un verdadero antecedente no habiendo ya ninguna excusa para que las mujeres pudieran empadronarse y ejercer así sus plenos derechos ciudadanos.

Quiero terminar estas palabras subrayando que el voto femenino ha sido una verdadera conquista de las mujeres y no una concesión, y valorando el fervor que nos distingue como género sintetizado en una frase de Eva: “Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, que es, en definitiva, el destino de su hogar”.

Nada más y muchas gracias.

19.8.09

EFEMÉRIDES. POR LA PROF. CIENCIAS DE LA E

Cambio en la Cartelera. Jueves, 20 de Agosto.

Los jueves a última hora la Prof. Ciencias de la E. se daba a la labor institucional que había tomado a su cargo: la actualización de las efemérides. Se asumía que la educadora modificaba el cartel alusivo ese día de manera que esté dispuesto para la sesión grupal de psicoarte de los viernes.

Sin embargo la Prof. Ciencias de la E. se había impuesto esta disciplina de los jueves, no tanto en realidad para que estuviera actualizado para la actividad grupal que coronaba la semana, cuanto para hacerlo coincidir con el cambio en la cartelera de espectáculos y así no olvidarse. “El aula desgasta”, se justificaba la Señora de la E.

Quizá esta beta más frívola de la supuesta académica era lo que despertaba la desconfianza de Sor Raimunda respecto de la integridad de la docente…

13.8.09

"Hormigas trabajando,
pasar por otro lado,
mirar la caravana
y no molestar"
Carlitos Balá