27.8.09

Conflicto de intereses…

La historia comenzó ayer por la noche. Como todos los jueves a última hora la Profesora Ciencias de la E. actualizó la cartelera institucional en base a las efemérides.

Se asumía que la educadora lo hacía ese día de modo que esté dispuesto para la sesión grupal de psicoarte de los viernes.

Sin embargo la Profesora de la E. se había impuesto esta disciplina de los jueves, no tanto en realidad para que estuviera actualizada para la actividad grupal que coronaba la semana, cuanto para hacerlo coincidir con el cambio en la cartelera de espectáculos y así no olvidarse. “El aula desgasta”, se justificaba la Señora de la E. Dicho sea de paso, lo de “señora” tenía más que ver con sus cuatro décadas que con su estado civil.

Y era precisamente esa beta más frívola de la supuesta académica lo que desde hacía tiempo despertaba la desconfianza de Sor Raimunda respecto de la integridad de la docente…

Fue justamente entre estas dos mujeres solteras, consagradas ambas a su vocación de servicio, que esta mañana, según la propia educadora, “se armó la gorda”, refiriéndose a Sor Raimunda que, si bien no padecía en absoluto problemas de obesidad –era cierto- le llevaba unos kilitos.

Sor Raimunda, se levantó muy temprano, rezó maitines a las 5 y preparó un desayuno especial para la comunidad del cotolengo. Para ella era un día de fiesta. Celebraba el paso a la gloria eterna de su Santo Patrono, Agustín de Hipona, fallecido un 28 de agosto del año 439.

Siendo muy joven Raimunda leyó las Confesiones de Agustín, un libro de su juventud que la subyugó, al punto de desatar una pasión que, El Erudito Benito sabiamente calificó como amor platónico. Un amor místico que sostuvo viva la llama de la pasión en la religiosa, quizá precisamente por no haber sido jamás consumado.

Por otro lado, su investidura episcopal, su beatificación pedida por aclamación popular, como su título de Padre y Doctor de la Iglesia, le conferían sobrada autoridad para la hermana priora o, tal vez, cierto “brillo fálico”, como diría la Psico P lacaniana que solían consultar, lo cual podría explicar la exacerbación de la devoción de Raimunda.

Cuando el jueves por la noche, la Prof. Ciencias de la E. terminó de armar la cartelera institucional del cotolengo, destacando el 46º aniversario en que el reverendo Martin Luther King congregó en el Lincoln Memorial a una multitud de más de 250.000 personas que se manifestaron por los derechos civiles y su sueño de libertad racial -también un 28 de agosto pero de 1963-, Raimunda, al ver la cartelera cayó en un estado de ira divina –cosa que la Prof. Ciencias de la E. calificó más bien como una crisis histérica- y batiendo su hábito al viento se dirigió como un torbellino a su celda, volviendo raudamente con un tapiz bordado por sus propias manos en base a un fragmento de la pintura de Botticcelli, en el que destacaba la figura de su Agustín, prolijamente acabado en punto cruz, y sin vacilar ni por un instante, lo pegó con cemento de contacto sobre la pagana cartelera, ya que a su entender, rendía tributo a un buen hombre, aunque desviado de la vera doctrina por el cisma de un monje insurrecto también llamado Martin Luter o Lutero, a su edad ya no recordaba bien. “¡Es inconcebible semejante impiedad!”, vociferó la religiosa, mientras estrujaba el pomito de adhesivo sintético.

También es justo reconocer que la Señorita de la E –lo de Señora aún no le cabía demasiado- se mostró en principio un tanto inflexible y no tanto por sentir invadida su función cuanto por la secreta admiración que profesaba hacia los hombres de color o los afroamericanos -como los llamaba ella- que era, ante todo, una profesional políticamente correcta.

Como cada vez que se desataba un conflicto en el Cotolengo, el propio Mengano mediaba solicitando la intervención de Su Agustísima.

Fue entonces que Su Augusta Creatividad, en su inefable sabiduría exclamó desde el más allá, haciendo uso de su característico lenguaje metafórico:

“El blanco y el negro son opuestos pero complementarios. El desafío es combinarlos en la obra de modo que como figura o fondo se destaquen e integren.”

Así, Su Augusta Creatividad, en un fallo salomónico, zanjó las diferencias y ambas mujeres decidieron compartir el espacio para exhibir a sus admirados hombres de dios.


Respetuosas de las máximas creativas, docente y religiosa, reconciliadas entre ellas y con sus propias pasiones, se dieron mutuamente el saludo de la paz y cantaron al unísono:






20.8.09

21 de agosto 1946-2009. 63 años que las mujeres ELEGIMOS

“Con anterioridad a la década del 40, varios países ya habían otorgado el derecho al sufragio de la mujer: Estados Unidos, Inglaterra –en el año de nacimiento de mi madre-, Ecuador, España, Cuba, El Salvador. Pero también nuestros hermanos países de Brasil y Uruguay, ya que como dice Benedetti en su bello poema: El sur también existe.

Pero no es necesario cruzar las fronteras para buscar antecedentes en la gesta del voto femenino. Aquí en la Invencible Provincia de Santa Fe, se estableció nuestro derecho a votar en la Constitución de 1921.

Pero las cosas no ocurren porque sí, como todo lo bueno, costó y mucho – dijo la docente que tenía fama de compradora compulsiva- Por eso es justo hacer memoria y recordar la lucha sostenida de las mujeres de nuestra Patria que lograron que su sueño se hiciera realidad.

De la extensa lista de protagonistas femeninas quiero destacar sólo algunas figuras como la de Elvira Rawson, Emilia Salza, Ema Day, Alfonsina Storni, Adelia Di Carlo, Julieta Lanteri, Alicia Moreau, Carmela Horne, Susana Larguía, Victoria Ocampo, Teresa Basaldúa, Lucila De Gregorio Lavie, Rosa Bazán y, por supuesto, María Eva Duarte.

Pero puesto que si bien soy competente y estoy habilitada para impartir muchas disciplinas, debo reconocer que la parte de la historia que me interesa tiene que ver con aquellas anécdotas que, a mi leal entender, tienen un gran valor educativo. Por eso relataré una protagonizada por la Dra. Julieta Lanteri, una de las primeras médicas recibidas en nuestro país, a cuya formación pudo acceder por un permiso especial del decano de la casa de altos estudios, debido a que la profesión elegida se encontraba por entonces vedada para nosotras.

Cuando en 1911 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos para que actualizaran sus datos en los padrones, en vistas a las elecciones municipales de legisladores, llamó a que lo hicieran los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos. La incansable Lanteri, advirtió que nada se decía sobre el sexo. Entonces se inscribió en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, que le correspondía por su domicilio y el 26 de noviembre de ese año, día de las elecciones, votó en el atrio de esa iglesia.

El Dr. Adolfo Saldías, Presidente de mesa, la saludó y se congratuló “por ser el firmante del documento del primer sufragio de una mujer en el país y en Sudamérica”. La Dra. Lanteri se dirigió a La Nación y La Prensa, por entonces los medios escritos más leídos y contó el hecho. Al día siguiente apareció en los diarios la novedad. Poco tiempo después, el Concejo Deliberante porteño sancionó una Ordenanza donde especificaba claramente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el del servicio militar. Al enterarse de eso, Julieta Lanteri se presentó ante registros militares de Capital Federal, solicitando ser enrolada y acudió directamente al Ministro de Guerra y Marina.

Si bien su intervención no pasó a mayores su acción ciudadana sentó precedente en la conciencia social extremadamente machista de principios del pasado siglo.

Ardua fue la lucha parlamentaria. Durante 25 años se presentaron no menos de 15 proyectos; el primero en 1919. Pero todos encontraron escollos insalvables en la fracción conservadora de los legisladores, representantes por entonces de los hombres de nuestra Nación.

Si bien ya en el mensaje de inauguración del Período Ordinario de las Sesiones del Congreso de 1946, el general Perón, se había pronunciado a favor del sufragio femenino, fue la activa participación de Evita la que impulsó al Senador Soler de Mendoza a presentar un proyecto de ley que contemplara nuestros derechos políticos. Luego de apasionadas intervenciones, se aprobó un día como hoy pero de 1946 en la Cámara de Senadores.

Implementado un complejo proceso de empadronamiento femenino, las mujeres votaron por primera vez, el 11 de noviembre de 1951. De este modo la valiente acción de la Dra. Lanteri operó como un verdadero antecedente no habiendo ya ninguna excusa para que las mujeres pudieran empadronarse y ejercer así sus plenos derechos ciudadanos.

Quiero terminar estas palabras subrayando que el voto femenino ha sido una verdadera conquista de las mujeres y no una concesión, y valorando el fervor que nos distingue como género sintetizado en una frase de Eva: “Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, que es, en definitiva, el destino de su hogar”.

Nada más y muchas gracias.

19.8.09

EFEMÉRIDES. POR LA PROF. CIENCIAS DE LA E

Cambio en la Cartelera. Jueves, 20 de Agosto.

Los jueves a última hora la Prof. Ciencias de la E. se daba a la labor institucional que había tomado a su cargo: la actualización de las efemérides. Se asumía que la educadora modificaba el cartel alusivo ese día de manera que esté dispuesto para la sesión grupal de psicoarte de los viernes.

Sin embargo la Prof. Ciencias de la E. se había impuesto esta disciplina de los jueves, no tanto en realidad para que estuviera actualizado para la actividad grupal que coronaba la semana, cuanto para hacerlo coincidir con el cambio en la cartelera de espectáculos y así no olvidarse. “El aula desgasta”, se justificaba la Señora de la E.

Quizá esta beta más frívola de la supuesta académica era lo que despertaba la desconfianza de Sor Raimunda respecto de la integridad de la docente…

13.8.09

"Hormigas trabajando,
pasar por otro lado,
mirar la caravana
y no molestar"
Carlitos Balá