“Con anterioridad a la década del 40, varios países ya habían otorgado el derecho al sufragio de la mujer: Estados Unidos, Inglaterra –en el año de nacimiento de mi madre-, Ecuador, España, Cuba, El Salvador. Pero también nuestros hermanos países de Brasil y Uruguay, ya que como dice Benedetti en su bello poema: El sur también existe.
Pero no es necesario cruzar las fronteras para buscar antecedentes en la gesta del voto femenino. Aquí en la Invencible Provincia de Santa Fe, se estableció nuestro derecho a votar en la Constitución de 1921.
Pero las cosas no ocurren porque sí, como todo lo bueno, costó y mucho – dijo la docente que tenía fama de compradora compulsiva- Por eso es justo hacer memoria y recordar la lucha sostenida de las mujeres de nuestra Patria que lograron que su sueño se hiciera realidad.
De la extensa lista de protagonistas femeninas quiero destacar sólo algunas figuras como la de Elvira Rawson, Emilia Salza, Ema Day, Alfonsina Storni, Adelia Di Carlo, Julieta Lanteri, Alicia Moreau, Carmela Horne, Susana Larguía, Victoria Ocampo, Teresa Basaldúa, Lucila De Gregorio Lavie, Rosa Bazán y, por supuesto, María Eva Duarte.
Pero no es necesario cruzar las fronteras para buscar antecedentes en la gesta del voto femenino. Aquí en la Invencible Provincia de Santa Fe, se estableció nuestro derecho a votar en la Constitución de 1921.
Pero las cosas no ocurren porque sí, como todo lo bueno, costó y mucho – dijo la docente que tenía fama de compradora compulsiva- Por eso es justo hacer memoria y recordar la lucha sostenida de las mujeres de nuestra Patria que lograron que su sueño se hiciera realidad.
De la extensa lista de protagonistas femeninas quiero destacar sólo algunas figuras como la de Elvira Rawson, Emilia Salza, Ema Day, Alfonsina Storni, Adelia Di Carlo, Julieta Lanteri, Alicia Moreau, Carmela Horne, Susana Larguía, Victoria Ocampo, Teresa Basaldúa, Lucila De Gregorio Lavie, Rosa Bazán y, por supuesto, María Eva Duarte.
Pero puesto que si bien soy competente y estoy habilitada para impartir muchas disciplinas, debo reconocer que la parte de la historia que me interesa tiene que ver con aquellas anécdotas que, a mi leal entender, tienen un gran valor educativo. Por eso relataré una protagonizada por la Dra. Julieta Lanteri, una de las primeras médicas recibidas en nuestro país, a cuya formación pudo acceder por un permiso especial del decano de la casa de altos estudios, debido a que la profesión elegida se encontraba por entonces vedada para nosotras.
Cuando en 1911 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos para que actualizaran sus datos en los padrones, en vistas a las elecciones municipales de legisladores, llamó a que lo hicieran los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos. La incansable Lanteri, advirtió que nada se decía sobre el sexo. Entonces se inscribió en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, que le correspondía por su domicilio y el 26 de noviembre de ese año, día de las elecciones, votó en el atrio de esa iglesia.
El Dr. Adolfo Saldías, Presidente de mesa, la saludó y se congratuló “por ser el firmante del documento del primer sufragio de una mujer en el país y en Sudamérica”. La Dra. Lanteri se dirigió a La Nación y La Prensa, por entonces los medios escritos más leídos y contó el hecho. Al día siguiente apareció en los diarios la novedad. Poco tiempo después, el Concejo Deliberante porteño sancionó una Ordenanza donde especificaba claramente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el del servicio militar. Al enterarse de eso, Julieta Lanteri se presentó ante registros militares de Capital Federal, solicitando ser enrolada y acudió directamente al Ministro de Guerra y Marina.
Si bien su intervención no pasó a mayores su acción ciudadana sentó precedente en la conciencia social extremadamente machista de principios del pasado siglo.
Ardua fue la lucha parlamentaria. Durante 25 años se presentaron no menos de 15 proyectos; el primero en 1919. Pero todos encontraron escollos insalvables en la fracción conservadora de los legisladores, representantes por entonces de los hombres de nuestra Nación.
Si bien ya en el mensaje de inauguración del Período Ordinario de las Sesiones del Congreso de 1946, el general Perón, se había pronunciado a favor del sufragio femenino, fue la activa participación de Evita la que impulsó al Senador Soler de Mendoza a presentar un proyecto de ley que contemplara nuestros derechos políticos. Luego de apasionadas intervenciones, se aprobó un día como hoy pero de 1946 en la Cámara de Senadores.
Implementado un complejo proceso de empadronamiento femenino, las mujeres votaron por primera vez, el 11 de noviembre de 1951. De este modo la valiente acción de la Dra. Lanteri operó como un verdadero antecedente no habiendo ya ninguna excusa para que las mujeres pudieran empadronarse y ejercer así sus plenos derechos ciudadanos.
Quiero terminar estas palabras subrayando que el voto femenino ha sido una verdadera conquista de las mujeres y no una concesión, y valorando el fervor que nos distingue como género sintetizado en una frase de Eva: “Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, que es, en definitiva, el destino de su hogar”.
Nada más y muchas gracias.
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